Sin créditos. Sin reglas.

Sin créditos. Sin reglas. La importancia del no-tiempo (en arquitectura) y la utilidad de lo inútil.
Este año todo ha cambiado. Empezando por mi experiencia académica. Quiero simplemente compartir una reflexión sobre lo no-académico en lo académico.
En el IE este año me asignaron diseñar e impartir una serie de seminarios de comunicación gráfica, avanzados, abiertos a todos los cursos a partir de 2do.
Me lo cerré, preparé un programa denso y completo, sobre lo que pensaba que era necesario completar en destrezas de dibujo arquitectónico, y dibujo en general para estudiantes de arquitectura. Sólo pude colocarme los viernes por la tarde, intensivos e intensos, ya que es el único hueco que tenían libre. Viernes por la tarde para unos seminarios gratuitos y que no computan, no hay créditos, ni reconocimiento. Estupendo, pensé, los que vengan, será porque realmente quieran venir. Y al mismo tiempo, cómo preparar algo sin saber si vendrán 2 o 20? o 200? Primer día. Overbooking. Y según van pasando los días, sólo cuento con un grupo de incondicionales ojerosos. Y me cruzo con miradas tristes y susurros de “no tengo tiempo”. No sabéis lo que daría por tener una caja negra del no-tiempo, donde estos alumnos puedan pararse y dejar de trabajar como autómatas en decenas de entregas, trabajos y exámenes. Y no sufran por simplemente parar a ver/hacer algo diferente, fronterizo a su disciplina, o totalmente radical e imprescindible en su formación, pero ahora no hay tiempo.
En realidad, evaluando lo ocurrido tengo una doble visión: la del fracaso, y la del éxito rotundo. Y me quedo con la segunda. Pero no del objetivo fijado, sino de otro. Y es que a veces las respuestas acertadas aparecen cuando sabemos reformular la pregunta. Desde el primer día estos seminarios son un lugar de encuentro, sin reglas, sin disciplina. Con la libertad de no tener que evaluar, ni poner notas ni ejercicios. La libertad es total. Y creo que así debería ser la Universidad. Un lugar de aprendizaje libre y voluntario. Siento que se está esclavizando la universidad, que los estudiantes de arquitectura no maduran porque no se les deja tiempo para pensar, para formarse en el amplio sentido de la palabra, para beber de otras disciplinas, para abrir la mente y que la parte creativa pueda desarrollarse, para plantearse verdades universales y poder entrenar la capacidad de resolver problemas y cuestiones técnicas, para empoderarse y saber qué quieren en la vida y dirigirse a ello, autoformándose. Los seminarios que he impartido empezaban en lo académico, pero acababan derivando a algo informal, no como falta de seriedad sino como falta de forma. Sin formato académico. Se creaban conversaciones en torno a temas y temas, han salido dibujos y palabras democráticamente, sobre arquitectura y sobre otras disciplinas fronterizas. Creo que la universidad en sus inicios era más parecido a esto. Y me hacía recordar a las “Conversaciones con estudiantes” que han hecho grandes maestros, de Le Corbu a Siza, pero en este caso, yo no era la gran maestra, sino una más. Compartiendo mi experiencia personal y profesional, como emprendedora y empresaria, como estudiante y trabajadora, como aprendiz y profesora, así, tal cual, sincera, honesta y absoluta, Es difícil cambiar los planes docentes, las formalidades que dirigen los grados y posgrados, pero quiero hacer un llamamiento a todos los que estáis estudiando, o, por qué no, trabajando. En esa vorágine de no-tiempo, para nada, en querer llegar a todo, tal y como lo mandan. Tomad las riendas de vuestro tiempo y convertirlo en sí-tiempo. Donde caben cosas “aparentemente inútiles” a corto plazo, pero que abren la mente y el espíritu. Dibujar un desnudo. Animar un corto. Mancharse de barro. Desnudarse bajo la pintura.Bailar. Filosofar. Leer ciencia ficción. Sí. todo eso hacemos en clase, porque todo eso forma grandes mentes creadoras y almas sanas. Son tareas inútiles, que yo llamaría invisibles, y super útiles en la formación de la creatividad.